miércoles, 13 de julio de 2011

UNA MISMA CUBA, DOS HABANAS DISTINTAS

"Habanastation" en la Cinemateca, salas de estreno y en Infanta desde el 17 de julioLuego de una exitosa carrera como documentalista, el cineasta Ian Padrón filmó su primer largometraje de ficción, el cual tendrá su première en la sala Chaplin el 16 de julio a las 8:30 pm. Titulado Habanastation, apto para todas las edades, el filme fue producido por el MINCULT, el ICRT y el ICAIC y protagonizado por niños actores de La Colmenita. La historia narra un pasaje de la vida de dos niños que, aunque distintos, estudian en la misma aula de una escuela de La Habana y pasan juntos un 1ro de Mayo.

La importancia de los valores humanos por encima de los bienes materiales en la sociedad funciona como una de las tesis fundamentales de esta película. Con su realizador, también autor del argumento y coguionista, conversó Cartelera:

¿Cómo surge la idea del argumento y, luego, del guión?

En el año 2000, presenté esta historia a una convocatoria del ICAIC para realizar un largometraje uniendo tres cortos, pero no resultó elegida. De aquella convocatoria nació Tres veces dos. Años después, la productora Vilma Montesinos, del ICRT, me convocó para que esta fuese la primera producción audiovisual de La Colmenita. Entonces llamé al guionista Felipe Espinet y aquí estamos.

¿Cuánto hay de autobiográfico en el filme?

En mi infancia, tuve un amigo que vivía en La Timba. Sus experiencias eran muy distintas a las mías, pues yo vivía en un barrio más cuidado y menos ruidoso. Me inspiré en su vida para crear esta historia. Por otra parte, mi padre, Juan Padrón, es un artista reconocido y viajaba mucho. Siempre quise tener un Atari o un Playstation, pero nunca lo tuve. En la escuela, todos parecíamos iguales por el uniforme, pero éramos muy distintos. Siempre he sentido que hay muchas Cuba dentro de Cuba.

¿Por qué ese título?

Originalmente íbamos a llamarla Pleiesteichon (así pronunciamos los cubanos la palabra playstation), pero la marca no quiso que pusiéramos su nombre a la película y lo cambiamos por este que incluye a La Habana. Y viene muy bien con el eslogan del filme: “Una misma Cuba, dos habanas distintas”.

¿Cómo fue la selección del elenco?

Como diríamos en buen cubano, fue “un jamón”. A Ernesto Escalona y Andy Fornaris los encontré relativamente fácil. Y al tener a los dos actores protagónicos, el resto fue llamar a actores consagrados y con quienes siempre había querido trabajar: Luis A. García, Blanca Rosa Blanco, Raúl Pomares, Evert Álvarez, Miriam Socarrás y Omar Franco. Traje también a Rigoberto Ferrera y Herón Vega, con los que trabajé en 2000 en mi corto Motos. Además, me di el lujo de estrenar para el cine a la joven actriz Claudia Alvariño. Creo que tengo un casting “fuera de liga”.

Dirigir niños, aunque ya sean actores, es todo un desafío. ¿Cómo valora la experiencia?

Si fueran como Andy y Ernesto, muchas más películas con temática infantil se producirían en Cuba. Ellos fueron rigurosos al prepararse para sus papeles, y tenían tanta verdad como los actores profesionales. Mi experiencia con ellos fue maravillosa. Aprovecho para agradecerles por dar vida a personajes que solo estaban en un papel o en mi mente.

Además del anterior, ¿cuáles fueron los mayores retos asumidos?

Un presupuesto 100% cubano, filmar en nuestro verano, y las inseguridades propias de la primera vez. Hay tres piezas clave del staff que me ayudaron mucho: Hoari Chiong, el director asistente; Javier Figueroa, el sonidista; y Alejandro Pérez, en la fotografía. Fuimos unos mosqueteros en constante sintonía: uno para todos, y todos para Habanastation.

¿Cuál es la tesis fundamental de la película? ¿Qué aspira a comunicar y cómo espera que sea recibida, en especial por el público más joven?

Tenemos que pensar en la Cuba de los próximos años, donde los niños de hoy serán los protagonistas inevitables. Pienso que la sociedad cubana debe reconocerse a sí misma en su diversidad y sus problemáticas reales. El igualitarismo no conduce a ningún lugar interesante.

Sinceramente, me conformo con llenar los cines y las salas de video. Con emocionar al público que asista a verla. Mi premio mayor será sentirme como cuando era un niño y veía la obra de mi padre en los cines y todo el mundo se la pasaba bien con sus películas. De él, he heredado el respeto hacia el público y su rigor a la hora de contar una historia.

Quienes hemos trabajado en ella, y todos los que la han visto, tenemos muchas expectativas de volver a llenar los cines. Pero, a veces, pienso en el verano y las salas que tienen el aire acondicionado roto, en si la gente va a coger una guagua para ir hasta el cine, etcétera. Nunca se sabe. Pero ahí está Habanastation, lista para todos los retos que vengan. (Por Por: Cecilia Crespo)

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