miércoles, 15 de septiembre de 2010

Regreso al Futuro y el espíritu recobrado de la juventud pasada

El 25º aniversario de este clásico de la ciencia ficción dirigido por Robert Zemeckis y apadrinado por Steven Spielberg nos devuelve ese mítico aroma ochentero que aún hoy permanece vivo con la misma frescura.

Jesús Benabat. Se está conviritendo en una práctica redundante, aunque no por ello innecesaria, el tributo desenfadado y nostálgico a esas pequeñas joyas de culto de los años 80, cine familiar y de ciencia ficción en gran medida, por parte de diferentes sectores del panorama cinematográfico, en razón de las sucesivas efemérides que se vienen celebrando por los años de su estreno en las pantallas. Desde aquí no podíamos ser menos, y por ello hoy rendiremos un sencillo y justo homenaje a una de esas cintas inolvidables enraizadas en la cultura pop ochentera que cumplen años, concretamente 25, desde que vio la luz allá por el año 1985. Se trata, como no podía ser de otra forma, de Regreso al Futuro.

Personalmente, se me antoja desolador que las nuevas generaciones de cinéfilos se vean desprovistos de las ingentes dosis de imaginación y trepidante acción que brindaban películas como esta. Parece que el cine adolescente camina a un punto de no retorno, a ese territorio esteril de cintas de terror previsibles y burdas comedias de gusto dudoso que no presentan mayor estímulo que "pasar el rato". Los años 80 fueron de una enorme fecundidad creativa al servicio de los más jóvenes; fantasía, ciencia ficción, aventuras y terror eran algunos de los géneros más utilizados para encandilar las mentes despiertas de una generación formada al calor de La Guerra de las Galaxias e Indiana Jones.

El nivel impuesto por Lucas y Spielberg era exigente, al fin y al cabo habían iniciado un movimiento cinematográfico renovador dirigido a un público tradicionalmente olvidado. Por ello, no se desentendieron de su obra y supervisaron un buen número de proyectos que ahondaban en su intención de entretener y estimular la imaginación del personal. Regreso al Futuro fue uno de esos proyectos, producido por Spielberg y dirigido por su amigo Zemeckis, condenado al éxito más rotundo; con un presupuesto de 19 millones de dolares se convirtió en la película más taquillera del año con 210 millones de recaudación. ¿La fórmula? Un guión muy trabajado sobre un género en boga como el de la ciencia ficción, adolescentes en apuros, acción, rock&roll y personajes carismáticos que entroncaban con el extendido gusto por lo caricaturesco.

Y es que cómo olvidar a ese pazguato de McFly (padre) siendo acosado por el temible Biff Tannen, quien preguntaba una y otra vez si había alguien en casa al tiempo que golpeaba la cabeza del pobre cobarde. También se podría decir lo mismo del científico loco "Doc" E. Brown, con su sempiterna expresión de sorpresa y sus continuas apariciones inesperadas; un aspecto de marciano al que contribuía de modo inestimable el actor Christopher Lloyd, un clásico de la parodia y la ciencia ficción también visto en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?. Y por último, un joven Michael J. Fox que, desgraciadamente, no cosechó un gran éxito en su carrera más allá de la trilogía de Zemeckis, a pesar de detentar un nerviosismo contagioso de cierta comicidad y su buen hacer en dicha saga.

La cinta nos sitúa en la vida de un adolescente, Marty McFly, cuyo única preocupación es sacar a su chica aquella noche en el coche de su padre. Sin embargo y sin previo aviso, recibe una llamada de "Doc", el científico loco con el que mantiene una extraña relación de amistad, quien le enseña su alucinante invento, un Delorean que viaja en el tiempo desintegrándose cuando alcanza los 140 km/h. Tras una escaramuza con terroristas libios a los que Doc ha robado material nuclear, Marty escapa regresando a 1955, año en el que sus padres estaban destinados a conocerse. Su impacto en el pasado será notorio, suscitando que su madre se enamore de él en lugar del zopenco de McFly, por lo que, antes de regresar al futuro con la ayuda del "Doc" del pasado, deberá propiciar el encuentro de ambos para que él siga existiendo en su vida futura. Una intrincada historia de giros de guión francamente divertidos (de hecho le valió una nominación al Oscar) donde se produce un paradójico cambio de roles; es el adolescente Marty el que debe entender a sus padres y orientarlos en sus vidas, corriegiendo, al fin, los errores redundantes que habían cometido por cobardía y miedo desde un principio.

Zemeckis se maneja bien con esta clase de películas que roza lo mitológico en cuanto a la cantidad de referencias y símbolos de una época. Cómo si no entender aquella máquina del tiempo encrustrada en un mítico Delorean, o el patín que utiliza su protagonista para moverse de un lado a otro, enfundado, además, en un uniforme vaquero muy acorde a los tiempos; libios traficando con armas nuclerares, basura como combustible, un baile para enamorase y una apabullante intervención rockanrolera. Por si fuera poco, una banda sonora para la historia compuesta por el gran Alan Silvestri y una canción, "Power of Love", también nominada al Oscar de aquella edición.

Entretenimiento puro que tuvo su continuidad en otras dos secuelas de calidad similar (aunque la tercera fue ciertamente vapuleada). Regreso al Futuro es hoy día una película de culto más heredada de los 80 que cumple su 25º aniversario con la vigencia que reporta su elaborado e hilarante guión y una dirección amena por parte de un maestro del género, Robert Zemeckis. Naturalmente, los efectos especiales han quedado anticuados, pero el espíritu continúa, indeleble al paso del tiempo. (Tomado de sevillaactualidad.com)

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